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Vale la pena pero es cansado

Cuando pienso en mis hijos y su Trastorno Déficit de Atención pienso lo fácil que es amarlos y lo difícil que es educarlos.


Por mi personalidad me encanta escuchar a los expertos referirse al diagnóstico de TDAH como un regalo o un superpoder. Considerando la reputación tan mala que tiene este diagnóstico y los comentarios negativos que escuchamos en el transcurso de nuestras vidas, es realmente refrescante escuchar el lado positivo de vivir con esto.


Mi hija mayor es de lo más simpática que hay. Tiene una ligereza en su persona y capacidad de ver el lado chistoso a la vida. Las cosas se le resbalan fácilmente y es una porrista por naturaleza.


Mi hijo mayor tiene la sensibilidad de un santo. Es como si pudiera sentir el dolor que otros sienten y esto le permite empatizar como pocas personas lo hacen. Tiene un ángel justiciero tremendo que lo impulsa a ayudar a los menos afortunados y a luchar por la justicia.


Mi hijo pequeño es el alma de toda fiesta. Tiene el mejor sentido del humor y se siente cómodo hablando con gente mayor, extraños, ancianos, niños por lo que va por la vida haciendo preguntas o relatando historias de su propia vida.


A decir verdad mis hijos le ponen “sazón” a nuestra casa y claro que estoy de acuerdo con los expertos en decir que bien manejado el TDAH puede ser un super poder.


Sin embargo tampoco puedo ir por la vida negando los retos de vivir con este diagnóstico y de educar niños o jóvenes con este mismo diagnóstico.


La hiperactividad de la infancia y la primera adolescencia puede ser abrumador. Cuando finalmente piensas que ya pasó la etapa del constante movimiento corporal te das cuenta de que el movimiento mental sigue ahí y en ocasiones puede ser peor que el primero. Es como si al abrir el ojo sus mentes dijeran: “en sus marcas, listos, fuera” y esta comenzara a hablar, cantar, repetir, cuestionar, gritar, dudar, y provocar ansiedad durante todo el día!


Como van creciendo es más difícil notar esta hiperactividad pero la mente tramposa rápidamente te avienta un ataque de ansiedad o dificultad para conciliar el sueño y añoras las épocas en las que solo brincaban como changos.


La desorganización del día a día los hace dejar metas sin cumplir. Pareciera que fueran pulpos intentando hacer mil cosas al mismo tiempo y por lo mismo no logran terminar ninguna y todo siempre queda a medias. Al no lograr enfocarse en una solo cosa van brincando de una a otra, esto pasa en tareas diarias pero también en temas de conversación por lo que seguirles el hilo puede ser difícil y hasta frustrante.


Mis hijos son maravillosos, nos les cambiaría ni un solo pelo pero debo de admitir que muchos días mi mente termina completamente agotada. Y no digo que no valga la pena, claro que lo vale, pero hay días que quisiera estar en silencio leyendo un buen libro o contestando mails olvidados pero paso mi tarde buscando un celular perdido que se dejó en vibrar o ayudando a terminar una entrega que se dejó para el último momento.


Si a ti te pasa lo mismo, bienvenido a mi tribu, ponte cómoda, toma un respiro y a darle!!!

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