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  • Especial Mente mama

Volvamonos más ligeros, la frescura de vivir sin filtros

Hemos crecido en una sociedad en donde el deber-ser tiene tanto peso que preferimos castigar a nuestros hijos por salirse de la norma antes de hacer el ridículo o sentirnos avergonzadas por lo que dijo o hizo.


No sé si tendrá que ver con el deber-ser que nos hemos implementado, con una falta de seguridad y autoestima o un poco de ambos. Las madres acostumbramos amenazar a nuestros hijos si no se comen la comida que les preparamos, si no saludan a las tías postizas o a las amigas del cafecito, y ellos saben que vendrá un pellizco, un regaño o un jalón de pelos si no hacen lo que les pedimos.


También hay las mamás que recuerden a otros métodos y manipulando con galletas o dulces si sus hijos se quedan quietos durante la comida en casa de la abuela y si no dicen nada “inapropiado” se llevan $20 pesos terminando el convivio.


Las personas que vivimos con TDAH o con un familiar con TDAH sabemos que la falta de filtro es una de sus características. Sabemos que en el lugar menos esperado tu hijo puede gritar del otro lado del supermercado que se te sale la faja por la camisa, o con la mejor intención te quiere decir que tu amiga tiene demasiadas canas en la cabeza o que la sopa que preparaste en verdad no sabe tan bien como piensas. Si les pasa como a mí, estos comentarios son parte de tu día.


Entiendo que quizás no es fácil lo que te voy a decir PERO lo mejor que puedes hacer es reírte. Usa tu sentido del humor para desinflar el globo de la tensión. Ríete del comentario inapropiado pues aunque no lo creas tu reacción calmará o agrandará la situación.


Si soy completamente honesta cada comentario inapropiado que mi hijo suelta tiene mucha verdad. Todos lo pensamos pero él se atreve a decirlo. De niños decíamos un dos tres por mí y por todos mis compañeros y es un poco lo que siento dentro de mi cada vez que suelta una verdad. Como adulta la mayoría de las veces puedo pensar el comentario y mantenerlo en secreto, en mi mente, pero debo de aceptar que hay otras veces en donde se me escapa y sale como diarrea verbal.


La sociedad nos a adiestrado con creencias heredadas, con un deber-ser que es auto-impuesto por nosotros.


Alguna vez le toco a mi hijo una maestra que en una junta me dijo: “hay comentarios de tu hijo tan inapropiados que no puedo evitar soltar una carcajada con sus ocurrencias” y así en un segundo desinfló el globo de tensión que frecuentemente se poncha por presión.


Los invito a usar su sentido del humor y reírse de esos comentarios inapropiados que tanto nos tensan como padres. Dejemos a un lado el deber-ser, cortando esa cadena de circo que nos intenta adiestrar todos los días y seamos más ligeros.

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