Buscar
  • Especial Mente mama

Vivir conmigo y mi TDAH

Llevo casada 13 años. Fue en estos años en donde descubrí que vivía con Trastorno Déficit de Atención con Hiperactividad (mi hiperactividad hoy es mental). Creo que mí diagnóstico no solo mejoró mi calidad de vida pero también mejoro mi relación con mi esposo pues describimos el por qué…

Fue después del diagnóstico de dos de mis hijos que conocí mi propio diagnóstico. Quizás tuve ventaja por ese lado pues al querer aprender todo lo que podía para ayudarlos, aprendi mucho para ayudarme a mí. Las mismas herramientas que trato de usar con mis hijos o más bien que intento enseñarles son las mismas técnicas que uso con mi esposo y me han ayudado a mantener una relación fuerte, estable, divertida y amorosa.


Lo que me funciono a mi:

1. No tomes acción de tus impulsos emocionales. La mayoría de las situaciones por las cuales nos preocupamos o tememos nunca suceden. Y cuando llegan a suceder siempre son menos temerosas que la historia que forme en mi cabeza. Esta es una de las lecciones más importantes que he aprendido pues me di cuenta de que mi cabeza era nivel novela de Alfred Hitchcock y me llevaba al escenario más tenebroso posible causándome alto nivel de ansiedad.


He aprendido (a la mala) que mi estado emocional afecta cómo manejo las situaciones que se me presentan. Por esto me he dedicado a conocerme y he aprendido y sigo aprendiendo cómo regresar a mi centro, aun cuando me salgo de él bruscamente.

Analizando mis pensamientos y emociones he aprendido a tomarme un espacio antes de responder para evitar agredir a mi esposo y para evitar agredirme a mí misma. Esto fue incómodo y extraño en un principio pero con el tiempo y la práctica me acostumbre y amo el sentimiento de calma que me trae.

2. Dirige tu atención y enfoque. Vivir con TDAH significa que es difícil mantener el enfoque por largo tiempo, especialmente cuando el tema no me interesa. También es un problema cuando estoy en hiper-enfoque pues es como si mis pensamientos se obsesionarán sobre un tema y no pudiera pensar en algo más.

Mi esposo y yo hemos aprendido que cuando necesito escucharlo, debo de dejar de hacer lo que sea que estoy haciendo, eso incluye poner mi celular boca abajo.


También tengo la costumbre de hacer preguntas para comprender realmente lo que me está compartiendo en vez de pretender que lo escucho (soy una master en pretender escuchar, lo aprendí en secundaria al darme cuenta que con esa habilidad me metería en menos problemas). Ahora sé que es necesario escuchar activamente y “parar mis antenas” para realmente conectar con él.

Mi esposo sabe que soy rígida con mi tiempo y mis actividades porque es la manera en que mi cerebro se organiza mejor. El sabe que necesito pegar POST-Its con recordatorios en mi recamara y mi baño y que mi celular tiene diferentes alarmas para recordarme diferentes actividades en mi día como los medicamentos de mis hijos o llamadas con clientes.


3. Conócete bien y usa muletas. A través de los años he aprendido que ciertas cosas me ayudan a concentrarme mejor o me ayudan a sentirme más calmada o incluso me ayudan a dormir mejor.


Conciliar el sueño puede ser un problema para mí por lo aprendi que si pongo música muy bajita junto a mi cama, el sonido me ayuda a quedarme dormida más rápido. Mi esposo no necesita nada para dormir más que una almohada pero me apoya y sabe lo importante que es descansar por lo que no le molesta y si le molestó en algún momento, parece que ya se acostumbro.


Para enfocarme necesito silencio. Esto quiere decir que cuando tengo mis sesiones de coaching, necesito que mis hijos y mis perros estén lo más tranquilos posible y que nadie entre a mi recamara. Esto no siempre se puede pero cuando él está en casa me ayuda para que todo fluya a mi favor.

4. Mi mente no es agenda ni tampoco casillero. Mi esposo sabe que hay cosas que se me olvidan o que confundo. Me sigue sorprendiendo la compasión que tiene conmigo cuando lo mando al partido de soccer el día equivocado o al lugar equivocado. Este acto tan amoroso me hace amarlo aún más todos los días.

El sabe que aceptar mi diagnóstico implica aceptar que en ocasiones me pase esto, sobretodo cuando estoy muy estresada.


Las primeras ocasiones que me sucedió esto sentí una enorme vergüenza pero al ver su respuesta y su amor hacia mí aprendí a amarme y aceptar esta parte también.


5. Mantener mis emociones dentro del margen. Aprendí que el manejo de emociones fuertes es complicado para mí. Aprendí que no todo lo que pasa por mi mente tiene que salir de mi boca. Aprendí que puedo hablar de forma calmada. Aprendí a tener el control de mis reacciones. Aprendí que es preferible tomar un descanso y hablar cuando ambos regresemos a nuestro centro. Aprendí a tomar responsabilidad sobre mis acciones. Aprendí que nada es personal. Aprendí que nadie me hace sentir nada, yo elijo como sentirme. Aprendí que mi mensaje se entiende mejor cuando viene de un lugar de calma y que mi mente infantil muchas veces me trata de convencer que escuche mis impulsos y mis ganas de decir y opinar. Aprendí que escuchar a mi mente infantil me aleja de mis metas y mi camino.

Lo más importante que aprendo todos los días es que si quiero tener mejor calidad de vida tengo que ocuparme de mi diagnóstico. Tomar las riendas de él y trabajar todos los días en mí, aun cuando no tenga ganas.

52 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo