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  • Especial Mente mama

La caja del olvido

Pues hoy después de casi un año de tener la duda mi psicóloga me confirmó lo que en verdad ya sabia, tengo Trastorno Déficit de Atención. En verdad ya lo sabia pero escucharlo, decirlo en voz alta lo convirtió en real.


Todas las señales estaban presentes pero lograba esconderlo, disimularlo. Para ser completamente honesta siento un gran alivio, ahora comprendo muchas cosas. Por momentos me llegue a sentir psicótica pues no lograba entender lo que me pasaba y otras veces solo lo ignoraba. Me explicó mi psicóloga que aprendí a compensar a través de los años; mi conducta tan estricta, tan rígida, tan cuadrada y un poco obsesiva me ayudó a esconderlo y a guardarlo en un cajón, el cajón del olvido.


De niña me costo mucho trabajo la escuela, siempre me metía en problemas y en verdad aunque hiciera mi mayor esfuerzo me costaba trabajo retener información. Odiaba que me llamaran para contestar en alto o leer frente al salon, siempre me sentí perdida, sobretodo en primaria y secundaria.


Después fui creciendo y con mi control y personalidad logre salir adelante y por mucho tiempo olvidar el Déficit de Atención hasta hace poco.


Ver a mi hija crecer y volver a vivir todo con mi hijo años después me hizo darme cuenta de lo parecidos que somos. Los altos y bajos de emociones, quería culpar la adolescencia de mi hija pero y yo??? Cual es mi excusa? Cuando comencé a estudiar más y más sobre el tema, el cajón del olvido se abrió y salieron muchos recuerdos.


El más recurrente es de cuando tenía unos 10 años y un compañero se asomó dentro de un contenedor de metal que tenía un agujero, yo no lo pude evitar y sin pensar en lo que pasaría le pegue en la parte de atrás de la cabeza provocando que se golpeara fuerte la nariz y se soltara un sangrado tipo cascada. Me sentí tan mal, tan estupida, no pude ni siquiera disculparme pues el llorando me gritó y se fue al baño.


No es que yo le quisiera hacerle daño, simplemente mis impulsos tomaron posesión de mi mente y actuaron. Como esa historia tengo varias.


Claro que como fui creciendo aprendí a controlarme en el aspecto físico pero controlar mis palabras no lo logre hasta mucho más tarde. Ese impulso dominante se fue de mis brazos a mi boca y seguí metiéndome en problemas o lastimando a otros sin darme cuenta.


Hoy todavía no domino mis impulsos al cien pero creo que voy por buen camino. Al igual que mis hijos hay días mejor que otros, el otro día, a mitad de mes me queje de que no habían puesto el nuevo póster decorativo de la puerta del salón de mi hija y vaya sorpresa que me lleve al darme cuenta de que ese mes me tocaba a mi llevarlo.

También debo confesar que más de una vez he mandado a mis hijos a tomar un “time out” a su recamara y lo he olvidado… Hay días que me da risa y sigo como si nada pero hay otros en donde la frustración me gana y el llanto es inevitable. Entiendo a mis hijos cada día más pues si a mi me cuesta trabajo ponerle atención a alguien cuando lo que me cuenta es aburrido o no me interesa, me puedo imaginar que a ellos les cuesta trabajo sentarse en un círculo y cantar. A veces siento miedo por ellos, me preocupo pues se lo difícil que es vivir en una sociedad “normal”.


Al final se en mi corazón que no les va a pasar nada, van a salir adelante y triunfar, si yo lo logre ellos también lo harán. Les seguiré enseñando trucos y métodos, les contaré en donde he fallado y cómo pude mejorar. Hoy soy parte de su clan y me encanta la idea.

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